Nuestra alma empezó con el comienzo del Big bang y acabará cuando lleguemos a casa,
nuestra vida es como el metropolitano de Madrid, con varias líneas y múltiples paradas,
primero escogemos la primera estación y desde ahí empezamos el trayecto sin ninguna mirada
y en el transcurso del viaje (nacimiento, crecimiento, reproducción y muerte) pintarrajeamos en la tabla rasa.
Pasan estaciones (vidas) y llegamos a un trasbordo, el alma desea corregir algunas imperfecciones, cogemos otra línea para seguir hasta el final (llegar a casa) creyendo que así atajaremos en el camino, pero las siguientes paradas (reencarnaciones o karma) nos damos cuenta de que creamos nuestro destino y de que las estaciones son similares, pero nuestro ego nos dice: esto es cosa de las religiones.
La rueda de la vida, es como el circular de Madrid, que empieza y acaba en el mismo lugar,
pasas estación (vida) tras estación (vida) y nos cuesta aprender que tenemos que salir del atolladero. La conciencia se queja que el tren va rápido y el alma anhela un trasbordo donde poder vagar.
En la línea que decidamos coger (libre albedrío) esta la Luz que no se puede meter en el albero, pero podemos recibirla con la mente abierta, porque en el juego de la vida no cabe el rogar. Amigo mío, no te preocupes por la muerte, que nacerás mas veces aunque sea como barbero.
Manuel López Sánchez
lunes, 22 de septiembre de 2008
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